Jueves, 16 Marzo 2017 11:00

Nacido en lo Alto - Una Exposición de Juan Capítulo 3

Escrito por Pastor Bill Randles
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Capítulo Siete - El Que Bajó Del Cielo

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo. (Juan 3:13)

Nicodemo era un líder religioso, el Rabino de Israel. Pero se sintió atraído a buscar la sabiduría obvia de un "inexperto" Rabino itinerante, Jesús de Nazaret. Fueron los milagros de Jesús, así como su enseñanza, lo que obligó a Nicodemo y a otros Rabinos principales a reconocer que Dios estaba con El.

Jesús no perdió tiempo alguno durante la entrevista, informando a Nicodemo que él tendría que nacer de nuevo para ser capaz de ver o entrar al Reino de Dios. En efecto, contrariamente a la creencia de Nicodemo, la nación de Israel, aún tenía que darse cuenta de la profecía de Ezequiel que dice que Dios le daría un nuevo corazón.

Pero al igual que la mayoría de la gente, Nicodemo se resistió, fingió ignorancia. El corazón orgulloso del hombre caído se resiste a admitir que él necesita un nuevo nacimiento.

Tal vez él podría admitir la necesidad de mejorar un poco en esto y aquello, pero no convertirse en un hijo dependiente y empezar todo de nuevo. Tal vez una prostituta o un fraudulento recaudador de impuestos tendría que nacer de nuevo, ¿pero un orgulloso Fariseo, destacado por su piedad?

De este modo Jesús llevó a Nicodemo, y también a todos nosotros, al corazón mismo de nuestro problema: La incredulidad. Este pecado sutil pervierte incluso la verdadera religión, convirtiéndola en la antítesis del motivo que Dios le dió.

En el centro de toda falsa religión hay un fraude espiritual. Este engaño corre a través del Induísmo, del Islam, del Movimiento New Age, y de las religiones seculares modernas como la evolución, el socialismo y el comunismo. Además también afianza la semilla del Cristianismo ficticio.

La falsa premisa dice que el hombre puede elevarse a sí mismo por medio de sus propios esfuerzos espirituales, puede convertirse en un dios, como lo prometió la serpiente a nuestra primera madre y a nuestro primer padre, Eva y Adan. Para la raza humana esta creencia es como una enfermedad espiritual incurable. El hombre siempre ha sido atraído hacia toda religión que le dice que él puede ser un dios. No importa cuanto infierno encuentre en su resultado, el hombre no puede dejar pasar tal creencia.

A esta premisa se la llama el Misterio de Iniquidad, en 2 Tesalonicenses 2- "Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción…"

La triste historia de la especie humana culminará en la expresión final de esta falsa creencia, porque ha sido predicho que un hombre de pecado se elevará, pareciendo ser la realización de este oscuro ideal.

El es el "hombre de pecado", el campeón de un mundo que ha sucumbido completamente a esta promesa maligna. Su comportamiento público ha sido reseñado proféticamente como una constante ilustración de este misterio pecaminoso.

El cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. (2 Tesalonicenses 2:4)

¡Mira las utopías miserables del siglo pasado! El nuevo hombre de ciencia iba a elevarse y construir su propio paraíso terrenal. ¡Iba a ser más equitativo, más misericordioso y más justo que el mismo Dios! Este es el mismo principio que encontramos en toda la historia religiosa del hombre.

Las pirámides y zigurats construidos en todos los continentes son solamente aspiraciones religiosas, pasos para el ascenso a la divinidad, los grados de avance manufacturados por el hombre, solamente expresiones religiosas inspiradas por el diablo. El judaísmo en sí, tal como se desarrolló en los días de Nicodemo y los Rabinos y Sabios, se degeneró en este falso principio de avance a través de las obras de la ley de Dios.

Aquellos debajo de este sistema se fatigaban en el trabajo sin fin en pos de esa meta, tratando de ascender al cielo por sus buenas obras.

Esta es la razón por la cual Jesús mismo de se dirigió hacia ellos llamándolos cansados y cargados, lo cual está reflejado en Mateo 11

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. (Mateo 11:28-29)

Este fue el error de la generación de Nicodemo, una distorsión de la religión bíblica que se convirtió en una religión de obras de justicia, la auto redención, un intento de ascender al cielo mediante la labor propia.

Nicodemo y su generación no han sido los únicos en caer en este error. La auto salvación por obras es la posición intrínseca de la mayoría del mundo a quien el Salvador le hace esta declaración simple pero fundamental: "Ningún hombre ha ascendido al Cielo…"

Ninguno. Ni siquiera el sabio más grande! Ni Madre Teresa, ni Gandhi, ni siquiera el filántropo más benevolente. ¡La religión humana no puede salvar a nadie! No hay ninguno justo, ni siquiera uno… ¡por las obras de la ley no carne será justificada!

Si la falsa religión del esfuerzo propio, conocida bíblicamente como el "misterio de la iniquidad", es la fe constante y rebelde que dice que el hombre puede ascender y "ser como dioses", ¿Cuál es entonces la verdadera espiritualidad?

Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: El fue manifestado en la carne… (1 Timoteo 3:16)

…Sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre. (Juan 3:13)

No. Los hombres no van a ascender y convertirse en pequeños dioses. El hombre esta arruinado debido a su caída en su relación con Dios. El hombre está espiritual y moralmente quebrado por completo, y no es capaz en su estado ruinoso actual de entrar en el reino del cielo. El hombre carece del poder, es impotente, es ciego, es débil y muerto en sus transgresiones y pecados.

Si el hombre puede ser salvado, el mismo Dios va a tener que venir a nosotros. El Hijo del Hombre deberá descender, deberá de haber una encarnación.

Una de estas dos espiritualidades es muy atractiva para el hombre, promueve su orgullo, su independencia y sus logros. La otra es muy humillante, porque no exalta la auto-estima del hombre, quien debe admitir su propia impotencia y debe confesar su pecado. ¿Cuál de ellas se convertirá en la religión popular? ¿Cuál será la preferida por la mayoría de la humanidad, a no ser que la gracia de Dios intervenga? ¿Quién elegiría ser un desgraciado cuando uno tiene la oportunidad de creer en si mismo?


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