Jueves, 16 Marzo 2017 11:00

Nacido en lo Alto - Una Exposición de Juan Capítulo 3

Escrito por Pastor Bill Randles
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Índice

Capítulo Diecisiete - Los No Creyentes Ya Están Condenados

El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. (Juan 3:18-20)

En el capítulo 3 de Juan, Jesús dice que El no vino al mundo para “condenar al mundo”. El no tenía porque hacerlo porque el mundo que rechaza al Padre y a Su Hijo unigénito, fue y está ya condenado. Todos los hombres están continuamente condenados por la ley de Dios, así como también por sus propias conciencias las cuales les dicen que ellos no están bien con Dios.

Todos los hombres llevan en sí mismos un cierto sentido de participación en la vergüenza y la culpa de la raza humana. Esta es la razón por la cual la religión es un aspecto inescapable de la vida. La condena es el conocimiento íntimo del profundo y personal sentimiento que causa el fracaso de vivir de acuerdo a una norma. Muchas de las cosas que hoy se consideran como problemas psicológicos son productos de esa condena.

Los hombres saben en su corazón que son insuficientes, que son pecadores. La condena también esta conectada con el miedo a la muerte, debido a que existe un conocimiento universal instintivo que los hombres poseen acerca de la muerte. El hombre sabe que la muerte no es realmente algo natural y que es un castigo que tiene que ver con el juicio.

El hombre también comparte universalmente la percepción que hay algo exaltado acerca del hombre. No solo todos compartimos la vergüenza de Adan, pero también compartimos la imagen de Dios en la cual hemos sido creados.

Y esto amplifica nuestra condena porque sabemos que no somos simplemente animales siguiendo nuestro instinto, sino que somos razonables y responsables agentes morales, quienes deberán dar cuenta de sus actos. Hemos roto y distorsionado la imagen de Dios.

Por lo tanto el que no cree, ya ha sido condenado. Jesús no tiene por qué condenar al mundo, aunque su venida intensifica el efecto de condena ya presente.

Esto es porque la venida de Jesús fue y es una luz que revela absolutamente todo, y causa que todo lo que es falso sea visto por lo que realmente es.

Por ejemplo los Fariseos y los Saduceos pretendían ser hombres santos de Dios, posando hacia la gente como verdaderos creyentes y adoradores temerosos de Dios.

Pero con la venida de Jesús, la verdadera santidad y fe fueron reveladas hacia todos. En El, nosotros apreciamos lo que verdaderamente significa ser complaciente del Padre, amante de Dios, la verdadera devoción hacia Dios, y lo que en verdad significa creer y seguir la ley de Dios. ¿Que es lo que verdaderamente significa el temer a Dios? Significa nada más y nada menos que vivir como Jesús vivió.

Por otra parte, os escribo un mandamiento nuevo, el cual es verdadero en El y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya está alumbrando. (1 Juan 2:8)

El efecto de la vida de Jesús, entonces y ahora, fue causar que la falsa santidad y piedad de los Fariseos y Saduceos fuera vista tan poco profunda como lo era, que fuera vista como la hipocresía que era y sigue siendo. Con la venida de Jesús, la pretensión religiosa no pudo continuar siendo posible.

Auto engaño e hipocresía -es decir, pretender no ser lo que se es, o pretender ser lo que no se es- se hace imposible a la luz de Jesús.

No puede haber neutralidad, porque Jesús obliga a hacer una elección. Dios no puede ser conocido fuera de Jesús. Sin El, no puede haber una santidad verdadera. Las personas se ven obligadas a estar en favor o en contra de Jesús y Su palabra. Este es el significado de la palabra "crisis", la cual es la raíz Griega de la palabra de condena.

Cualquier encuentro con Jesús obliga a una crisis, un momento decisivo. La crisis de este mundo fue la cruz de Jesús. Allí, en la cruz, el mundo fue condenado por Dios. Todas sus obras fueron juzgadas, dignas de muerte y destrucción, y el orgulloso príncipe de este mundo fue derrotado y enrolado para su propia perdición.

Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. (Juan 12:31)

¡La crisis de este mundo es ahora! La cruz es la condena de todo el mundo, lo más negativo de los tiempos, porque en ella Jesús tomó sobre sí todos los pecados, así es, El representó a todos los pueblos del mundo, y cargó por nosotros la muerte y el juicio.

El mundo ya está bajo la condena Divina, fue juzgado en la cruz de Jesús. El mundo no será sanado o mejorado. No lo convertiremos en un mejor lugar. Dios ya ha pronunciado la sentencia final para este mundo. Todo lo que le espera es la perdición que merece.

Pero en Jesús, por ahora, condenados hombres y mujeres pueden pasar de largo la condena hacia la vida eterna.


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