Jueves, 16 Marzo 2017 11:00

Nacido en lo Alto - Una Exposición de Juan Capítulo 3

Escrito por Pastor Bill Randles
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Capítulo Dieciocho - Los Condenados Rechazan La Luz

El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. (Juan 3:18-20)

El nuevo nacimiento del cual Jesús habló en su conversación con Nicodemo, es un buena notica. Con Dios nosotros podemos empezar todo otra vez. Podemos volvernos nuevamente como niños. Podemos ser nacidos de nuevo en Dios, y caminar en una nueva relación con El como Sus niños.

Por otra parte, podemos entrar en una esperanza de gloria eterna, la misma gloria que debido a la caída del hombre no podemos alcanzar. Dios, el Padre, ha construido un camino para llevarnos a la comunión con su Hijo.

Esto ha sido posible por el don de amor que es la oferta del Hijo de Dios por nuestros pecados.

Todos los pecados pueden ser perdonados. Todas las cosas malvadas que hemos hecho contra Dios y contra unos y otros, han sido contadas una por una y su precio pagado por completo en el sacrificio de Jesús en el Calvario.

Jesús murió por todos los pecados y por cada pecador.

...una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios... (1 Pedro 3:18)

Sin embargo, recibir el don del nuevo nacimiento requiere que así como el resucitado Lázaro, demos un paso afuera de nuestras propias tumbas de oscuridad y caminemos dentro de la luz de Dios.

¿Qué significa el caminar en la Luz de Jesús?

Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

¿Qué hace la luz? La luz revela cosas, permite que las cosas se vean como realmente son. Ese es el efecto de la venida de Jesús.

El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos. (Isaias 9:2)

Jesús ha revelado por Sus palabras y Sus acciones al único Dios verdadero. Ahora nosotros sabemos completamente como es Dios, porque al haber visto a Jesús, hemos visto al Padre. “Las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya está alumbrando...” El Dios que Jesús revela es un Padre lleno de amor, compasión y gracia, reconciliante y resurrector. Sus palabras son vida. El nos conoce, conoce nuestros sufrimientos, miedos y faltas.

Jesús también reveló que Dios es un juez santo y justo que un día convocará a toda la humanidad delante de su trono de juicio.

La mayor parte de lo que sabemos bíblicamente acerca del infierno proviene de Jesús. Recibimos expresiones tales como "llanto y el crujir de dientes", y "tinieblas de afuera" ¡de las palabras de Jesús! Jesús también revela el verdadero carácter de los hombres. A través de Jesús, los secretos del corazón de los hombres se revelan plenamente, y no es un cuadro halagador. Los hombres han caído, ciegos, hipócritas, y asesinos. Son egoístas e implacables, y alejados de Dios debido a sus pecados.

Jesús destruye la opinión que el mundo tiene de sí mismo. El contradice por completo el orgulloso humanismo del mundo, exponiendo la total bancarrota moral y espiritual, hasta del mejor de los hombres. El no se abstiene de nada en su crítico análisis del corazón humano.

Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre. (Marcos 7:20-23)

Su cruz es tal vez la mayor ofensa de todas, porque presupone la profunda culpa humana, siendo también una declaración de nuestra inhabilidad humana de expiar por nosotros mismos.

La cruz también es la profunda revelación del odio divino hacia el pecado. Jesús murió por nuestros pecados como un sustituto y una ofrenda hacia Dios. Nosotros vemos su figura torturada y clavada en agonía en la cruz, abandonado por todos, incluso por su Dios, burlado y humillado por sus enemigos, y exhalamos una oración susurrante:

Querido Señor. ¿Es esto lo que ha hecho falta para salvarme de mis pecados? ¿Es el pecado así de malo? ¿Es que la brecha entre Dios y el hombre es tan grande que ha hecho falta esto para traernos hacia ti?

Pero los malvados se ofenden ante esta revelación de Jesús. Se creen una excepción de la verdad expuesta acerca de la naturaleza humana que ha sido revelada en Jesús, y especialmente en Su cruz. La luz es muy brillante y la exposición a ella es incómoda porque sanciona y condena.

De hecho muchos pasan sus vidas enteras huyendo de la luz de Jesús, cerrando las cortinas, cerrando las puertas, ocultando su mirada cada vez que la luz brilla. Ellos no quieren que se les diga que el hombre ha caído y que ellos necesitan ser rescatados de sus propios pecados.

El llamado a ser nacido de nuevo es en sí mismo un insulto. "¿Porqué yo debo comenzar otra vez? ¡Yo soy suficientemente bueno así como soy!" La gente no quiere ser nacida de nuevo si ello requiere una confesión a Dios de sus pecados y admitir su pecaminosidad y bancarrota espiritual. Recordemos lo que el Apóstol Pablo nos dijo bajo la influencia del Espíritu Santo en la carta a los Romanos, capítulo 1. Los impíos están bajo la ira divina, porque injustamente suprimen la verdad Ellos saben perfectamente que fueron creados por un Dios personal, que han roto o no han sido capaces de vivir a la altura de un código moral, y además, que debido a esto son susceptibles al juicio.

Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. (Romanos 1:28)

Jesús dijo que la condena real de los malvados fue que cuando la luz vino al mundo “...los hombres amaron más las tinieblas que la luz...” De hecho, ellos aman no saber la verdad sobre sí mismos, no quieren ser vistos por Dios, tampoco están dispuestos a ser vistos por lo que realmente son. Ellos se niegan a verse a sí mismos a la luz de Dios.

Esta es una profunda mirada dentro de la psicología del hombre sin Dios, quién prefiere la fantasía y la ilusión a la verdad, porque la verdad lo humilla. Lo muestra como una criatura necesitada y dependiente. El no quiere enfrentar a un juez, entonces imagina que no existe un juez último. El hombre quiere hacer sus propias reglas, su propia ética personal y por lo tanto le molesta e incluso odia los mandamientos de Dios.

El hombre, si sólo fuese posible, crearía su propio mundo, de acuerdo a sus propios términos, y definiría su propia justicia. El se niega a conocer la manera correcta. El hombre confecciona su propio plan de salvación, y ese plan siempre exalta al hombre y nunca lo humilla. El hombre caído, aborrece la luz de Jesús.

Jesús nos advierte que esto será el fundamento del juicio final, el amor o el odio, la aceptación o el rechazo de la luz que vino al mundo.


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